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Cantabria enamora en diez estaciones

Jueves, 21 Febrero 2013
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Un recorrido por los infinitos encantos de esta tierra

Son diez, pero podrían ser cien o mil, o quizá solo uno: intenso, duradero, conmovedor... Cantabria, fiel a su eslogan, propone infinitas emociones, innumerables momentos para disfrutar, para saborear, para soñar. A cada hora del día y de la noche, en cualquier lugar de su concentrado territorio, solo o acompañado esta tierra no deja de sorprender. Aquí hemos seleccionado diez instantes que hay que vivir... cuanto antes. Y si es con tu pareja, mucho mejor.

UNO. Amanecer en la bahía. La primera vez que uno observa el mar desde el bello Paseo de Pereda de Santander se siente un poco desconcertado, se piensa que ya que la ciudad está en la cornisa cantábrica, el mar que se ve está al norte, pero no es así. La bahía de Santander forma una gran ensenada y en esa parte la ciudad, y el mar, están orientados al sureste.

Por eso produce cierta sorpresa ver amanecer sobre el mar y observar los primeros rayos del sol reflejarse sobre las fachadas del paseo, envolviendo a sus árboles o creando mil contraluces en los barcos del cercano Puerto Chico. Es un espectáculo apasionante sobre todo cuando hay las frecuentes nubes que crean infinitas tonalidades. La vista del mar es maravillosa, pero también la de la ciudad que va surgiendo entre las sombras hasta mostrarse en todo su esplendor. Una buena forma de comenzar el día. Una buena forma de iniciar una escapada para enamorados. 


Foto Miguel Á  Miguélez

DOS. Nadando con tiburones. Cantabria cuenta con numerosos museos, pero tal vez uno de los más originales, ilustrativos y situado en un marco excepcional, entre el promontorio de San Martín y la playa de los Peligros de Santander, es el Museo Marítimo del Cantábrico, que ofrece al visitante una de las más ricas y variadas propuestas museográficas, entre las dedicadas a la mar y a los hombres, de cuantas se ofrecen en España. En sus más de tres mil metros cuadrados de exposición, muestra la vida marina y todas las formas de relación del hombre con la mar a lo largo de su historia. Cuenta con  un acuario marino que muestra las especies que habitan el Cantábrico y otras muchas.


 

TRES. En tierra de reyes. Toda la fisonomía del litoral de Santander viene marcada por la Península de la Magdalena, uno de los espacios más bellos y significativos de la ciudad. El antiguo Campo de Polo (donde se han jugados también partidos de Copa Davis), el monumento a Félix Rodríguez de la Fuente, el Paraninfo, las Caballerizas Reales, la playa de Bikinis, el Embarcadero Real son el prólogo al espectacular Palacio de la Magdalena. Los habrá más bellos, más suntuosos, más ricos, pero no hay muchos que disfruten de una situación tan privilegiada como este. Desde la cumbre de la península se pueden contemplar impresionantes paisajes naturales y arquitectónicos.


 

CUATRO. Ni santa ni llana... La primera frase que suele escucharse al visitar Santillana del Mar es el viejo chiste de que se trata de la ciudad de las tres mentiras, porque no es "ni santa, ni llana, ni tiene mar". Hay mucho que decir sobre ello, pero no deja de ser una anécdota frente a esta villa que deslumbra por su belleza, aunque la acumulación de turistas durante casi todo el año y los numerosos comercios de recuerdos y productos típicos la han convertido un poco en parque temático. Lo ideal sería visitarla en uno de los meses de invierno cuando muestra su cara auténtica, pero si se hace en otra fecha tampoco importa. Además de sus casas señoriales y palacios, la villa alberga como principal tesoro la Colegiata de Santa Juliana el edificio más representativo de Santillana del Mar y la joya más importante del románico en Cantabria. Si te lo puedes permitir, alójate en el hotel cinco estrellas Casa del Marqués que fue la residencia del primer Marqués de Santillana del siglo XV.   


 

CINCO. No es la original pero... Mientras políticos, arqueólogos y científicos siguen discutiendo durante años (lleva 11 cerrada) si se puede abrir de manera limitada al público, la réplica de la cueva de Altamira y el museo junto a ella, que fueron inaugurados en 2001, son las mejores opciones para darse una idea de lo que es la "Capilla Sixtina del Paleolítico". Los últimos avances tecnológicos y una inversión en su día de más de 4.000 millones de pesetas permiten al público disfrutar de una reproducción exacta de la Cueva de Altamira, así como de uno de los museos más importantes de la prehistoria de España. Grandes cristaleras presentes en el edificio del arquitecto Juan Navarro Baldeweg simulan la entrada a la cueva tal y como era hace 15.000 años y junto a ellas una proyección virtual muestra cómo se desarrollaba la vida cotidiana de los habitantes de Altamira. 


SEIS. De cueva en cueva. Cantabria atesora más de 6.500 cuevas en las que las primeras muestras del arte y la espiritualidad humana se combinan con los prodigios de la naturaleza, creando un oculto universo único. Buen ejemplo de ello son los más de 30 kilómetros de galerías que componen la Cueva del Soplao que, si bien fueron utilizados en tiempos recientes por los hombres para extraer su mineral, constituyendo también un excepcional patrimonio de arqueología minera. Las sensacionales formaciones que la cavidad alberga en su interior dan lugar a todo un juego de claroscuros, sensaciones, colores y formas que desafían las leyes de la lógica. La visita requiere una indumentaria especial, casco con luz y botas de agua 


 

SIETE. Religión, naturaleza, paisaje... Aunque hasta 2017 no se celebrará el siguiente Año Santo Lebaniego, el Monasterio de Santo Toribio en plenos Picos de Europa, sigue siendo una parada obligada del viajero, incluso para los menos religiosos. Destaca su situación en uno de los valles más hermosos de Cantabria…  Potes uno de los pueblos más pintorescos de la zona y el más concurrido. Sus calles, atravesadas por numerosos puentes, cuentan con edificios y monumentos con siglos de historia, como las torres del Infantado y la de Orejón de Lima (siglo XV). Su parte antigua está llena de callejuelas y caserones que son testigos del antiguo esplendor del lugar.


 

OCHO. ...y la mejor gastronomía. También es esta buena zona (toda Cantabria lo es) para disfrutar de la gastronomía. Sin duda el plato más característico de la comarca es el cocido lebaniego a base de suculentos y variados ingredientes: carne, chorizo, cecina, tocino, repollo, patatas y otros condimentos, sobre la base de pequeños y finos garbanzos, cocinados a fuego lento, que logran una sustanciosa preparación difícil de igualar. El cerdo también está presente en la gastronomía lebaniega: boronos, embutidos, morcillas... El vacuno es un factor decisivo en la economía y la mesa local. Son carnes de calidad e incluso con denominación de origen. De Liébana proceden dos de las tres denominaciones de origen que poseen los quesos de Cantabria: el queso picón Bejes-Tresviso y los quesucos de Liébana. Pero, además, como las distancias son cortas, también forman parte de la gastronomía de la zona, las deliciosas anchoas, los pescados y mariscos, la caza y las conservas. 


 

NUEVE. Gorilas casi sin niebla. En el Parque de la Naturaleza de Cabárceno, donde pocas veces hay niebla, viven cebras, osos, jirafas, leones, monos, linces, aves rapaces, leones marinos, jaguares, avestruces, bisontes, búfalos de agua, camellos, ciervos, dromedarios, elefantes, gacelas, gamos, hienas, hipopótamos, llamas, lobos, papiones, rinocerontes, tigres y todo tipo de reptiles. Y hasta vacas tudancas, naturales de la región. Así hasta 900 animales de un total de 120 especies. Pero las estrellas del parque desde hace años son los gorilas. El parque de animales de Cabárceno, con una media anual de 500.00 visitantes, es considerado por el Gobierno de Cantabria como "el mayor recurso turístico de la región". (www.cantur.com).


Y DIEZ. De nuevo el mar. Aunque, como se ha visto, en Cantabria hay valles y montañas, pueblos, museos, cuevas y santuarios, es sobre todo el mar quien marca todos los recorridos. Pero elegir un solo lugar para este último “instante” no es tarea fácil, no en vano esta pequeña Comunidad cuenta con 220 kilómetros de costa y no menos de 90 playas de todo tipo: grandes, pequeñas, urbanas, agrestes, recogidas y tranquilas o abiertas al mar Cantábrico. Las playas de El Sardinero, ubicadas en el núcleo urbano de la ciudad de Santander destacan por su belleza además de ser unas de las más visitadas. Totalmente distinta es la playa de Oyambre, situada en la costa occidental, junto a la desembocadura de la ría de La Rabia y en pleno parque natural que lleva su nombre, se caracteriza por ser una de las mejor conservadas de la región. Destacan sus impresionantes dunas, cita obligada para aquellos que disfrutan de los paisajes naturales…

Más información:
Turismo de Cantabria

Texto: Enrique Sancho 

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